Los limones en sal son uno de esos ingredientes que parecen sencillos y, sin embargo, cambian por completo un plato. Su corteza se vuelve blanda y perfumada, y su sabor es intenso, salado y muy cítrico. Se usan sobre todo en la cocina del norte de África, pero también funcionan muy bien en guisos, arroces, verduras y aliños de la cocina de todos los días. Prepararlos en casa es fácil, aunque pide algo de cuidado y bastante paciencia.
Elige limones frescos, firmes y, a ser posible, sin tratar, porque se aprovecha la piel. Lávalos a fondo y sécalos. Después se cortan siguiendo tu receta y se rellenan con sal gruesa. Sigue una receta de confianza y no improvises con las cantidades de sal, porque de ellas depende el resultado. Los limones se colocan en un frasco limpio, apretándolos para que suelten su jugo, hasta que queden cubiertos.
Frasco, conservación y uso
El frasco y la tapa deben estar impecables. Lávalos con agua y jabón, acláralos bien y déjalos secar del todo. Comprueba que no haya grietas ni óxido en la tapa. Los limones deben quedar siempre sumergidos en su jugo, por lo que conviene presionarlos de vez en cuando. Guárdalos en un lugar fresco y oscuro o, si prefieres estar más seguro, en la nevera, y escribe en la etiqueta el contenido y el mes.
Cuando estén listos, saca un trozo con una cuchara limpia y aclara la piel bajo el grifo para quitar el exceso de sal. Usa sobre todo la corteza, picada fina, y no la pulpa. Añádela a un guiso de verduras, a un arroz, a un aliño con aceite o a un pescado que hayas comprado fresco. Como está tan salada, prueba antes de añadir más sal al plato, y no te pases con la cantidad.
Revisa el frasco de vez en cuando. Si huele raro, tiene moho, el aspecto cambia de forma extraña o la tapa está abombada, tíralo sin dudar. Una vez abierto, guárdalo en la nevera. Un frasco bonito con una etiqueta escrita a mano es también un regalo muy agradecido para quien disfruta cocinando. Añade una nota con un par de ideas para usarlos, y explica que se deben guardar en un sitio fresco.